domingo, 29 de agosto de 2010

Tricornio y Chapiri

En un magnífico artículo publicado en estas páginas de LA RAZÓN, Luis E. Togores nos informa de la obsesión del ministerio de Defensa por eliminar de la uniformidad legionaria el chapiri, el clásico gorrillo del Tercio. Significaría una estupidez más. La modernidad, eso tan discutible en instituciones honradas por la tradición. También quisieron fulminar los socialistas el tricornio de la Guardia Civil. Cuando se apercibieron de que la Guardia Civil era la misma con o sin tricornio, abandonaron la estúpida idea. Días atrás lo demostraron de nuevo. Dos héroes más, caídos en la lejanía, en una guerra que el Gobierno no quiere reconocer. Le llegan los cuerpos sin vida de los valientes y ellos siguen en su buenismo de ONG. Los «marines» americanos conservan el uniforme de gala desde su fundación. De ser los responsables de la Guardia Real inglesa Chacón, Méndez y compañía, ya habrían, en beneficio de la modernidad, intentado cambiar los morriones de los guardias reales por cómodas gorras modelo ciclista. Más cómodo y moderno. Y los «beefeater’s» vestirían de no se sabe qué, para pasear con más holgura y modernidad por los vericuetos de la Torre de Londres.

El chapiri es una seña de identidad de los legionarios. Lo que molesta a estos bobalicones horteras no es el chapiri, sino la Legión. Y todo lo que ayude a rebajar la histórica y heroica personalidad de los legionarios sirve para culminar sus planes. Repárese en la uniformidad de la única creación militar de Zapatero, la UME. Su uniformidad es más hortera que un Quijote de ámbar sobre base de lapislázuli. Si hay que cambiar, mejor hacerlo en la UME, que apenas cuenta con cinco años de existencia, que en la Legión, con noventa años a sus espaldas de patriotismo, sufrimiento, sacrificio, lealtad, dolor, heroicidad y muerte. Todo por España, y eso es lo malo.

Además, el chapiri es airoso, chulo y macho. Lo lleva una legionaria y también resulta macho sin que la portadora pierda un gramo de feminidad. La Real Academia Española ignora su voz. Si se mantiene sobre las cabezas de los legionarios cuando sea editada la vigésima tercera edición de su Diccionario, sería justo y conveniente que incluyeran esta palabra centenaria. No es seguro, porque moviéndose Juan Luis Cebrián por ahí, tiene más posibilidades de instalarse en el cuerpo de nuestro idioma «clítoris» que chapiri. Cosas de los sabios.
En los Ejércitos, las tradiciones se respetan con celo y orgullo. La Dirección General de Innovaciones Horteras del Ministerio de Defensa –quizá, la más activa de todas–, ignora que la modernidad en las Fuerzas Armadas se ciñe exclusivamente a la calidad del armamento y el material. No es moderno eliminar el chapiri, sino contar con carros de combate cuyo blindaje soporte una bomba terrorista y tenga capacidad de reacción inmediata y precisa. Pero la obsesión no es otra que oscurecer la personalidad del Tercio, como lo fue, hasta que fracasó, la de robarle los símbolos a la Guardia Civil.

En mi caso, van a pinchar. En 1992 tuve la honra de ser nombrado «Legionario de Honor» en Monte Jaque, en plena serranía de Ronda. Mi compadre en aquella ocasión fue el gran escritor y poeta Manuel Alcántara. Nos entregaron un diploma y un chapiri. Me sienta de dulce y lo guardo como oro en paño. Y como «legionario de honor» no hay ministra ni Constantino que se atreva a quitarme mi chapiri. Y si no se atreven conmigo, que soy tan poquita cosa, menos se atreverán en los legionarios que día tras día, sin darse importancia, demuestran estar dispuestos a morir por España y los españoles. Con su chapiri, claro.

viernes, 27 de agosto de 2010

¡Legionarios a luchar! ¡Legionarios a morir!, por Luis E.TOGORES


Hace noventa años que el entonces ministro de la Guerra don José Villaba, a propuesta del entonces comandante Millán Astray, fundó una unidad militar llamada Tercio de Extranjeros, un nombre que cambio pocos años después por el de Legión Española.

La Legión fue creada para combatir en la durísima guerra colonial de Marruecos y evitar la sangría de reclutas españoles que se veían obligados a luchar y morir para defender los intereses que entonces tenía España en su protectorado del norte de África. Desde entonces los legionarios han combatido en ocho guerras, perdiendo la vida en defensa de los intereses de los españoles muchos miles de legionarios, obedeciendo las órdenes de políticos de diversas ideologías y condición.

Cuando Millán Astray organizó a las primeras banderas (batallones) de legionarios, era plenamente consciente del enorme sacrificio que iba a pedir a sus soldados. Marruecos era uno de los escenarios bélicos más duros y sangrientos en los que habían combatido los españoles de todos los tiempos. El fundador sabía que el instinto de conservación del ser humano pone delante de cualquier otra cosa el preservar la propia vida y que, por tanto, era necesario crear un conjunto de valores morales y patrióticos, apoyados en la disciplina, el entrenamiento y en una mística –la mística legionaria– que llevase a sus legionarios a combatir y morir en cumplimiento de su deber. Toda esa conjunción de valores que creó Millán Astray se resume en el tradicional e incomprendido grito legionario de «¡Viva la Muerte!». Cuando le preguntaron por este grito desgarrado que lanzaban sus hombres en combate respondió: «No somos locos ni suicidas. Usted cree que no nos duelen las heridas. Que no tenemos miedo a la muerte. Claro que sí. Lo que pasa es que no nos importa sufrirlas y dar la vida por la Patria».

Esta mística legionaria, que tan buenos y probados resultados ha dado, se compone de una serie de ritos, canciones, uniformes, férrea disciplina y gran camaradería, que han permitido crear el estilo propios y exclusivo de nuestros legionarios. Un espíritu único y sin igual, y al mismo tiempo semejante al de otras grandes unidades militares de todo el mundo.

Los marines norteamericanos, al grito de «semper fidelis», guardan celosamente sus tradiciones, valores y una uniformidad intacta desde hace décadas. A todos nos merecen respeto y admiración, pues Hollywood se ha encargado de que conozcamos estas cualidades gracias a películas como «El sargento de hierro» o «La chaqueta metálica». Lo mismo ocurre con otros soldados. La Legión Extranjera celebra todos los años, con su lento paso de desfiles y cantando «Le Boudin», el aniversario de Camerone. Honor, espíritu de sacrificio y tradición son las bases de las más prestigiosas unidades militares de todos los tiempos.

Las virtudes militares de la Legión Española se cifran entre otras cosas en su credo, en su peculiar y característica forma de desfilar, en su cantos –¿quién no conoce «El novio de la muerte?»– , en sus banderas y símbolos que nos recuerdan a nuestros Tercios de Flandes y, cómo no, en su uniforme.

El uniforme legionario fue diseñado por el propio Millán Astray. Ha cambiado a lo largo del tiempo pero siempre ha conservado el espíritu y las señas características que dan continuidad e inmortalidad a toda tropa. Junto al verde legionario, característico de los miembros del Tercio, destaca como símbolo singular y distintivo el clásico gorrillo legionario, el chapiri. Este único y en cierta forma anacrónico gorrillo simboliza más que ninguna otra prenda el espíritu e historia de la Legión Española. El chapiri es a la Legión lo que el tricornio a la Guardia Civil.

Todos los ejércitos tienen uniformes característicos que son pruebas visibles de su historia y de su valor. Todos conocemos los de nuestra Infantería Española, de nuestros paracaidistas o de la Guardia Real con su vestimenta de hace más de cien años, con un nada práctico ros como prenda de cabeza. Igual ocurre con los marines norteamericanos, con la Guardia Suiza del Papa, con el regimiento de la Guardia que presta servicio a la puertas de Buckingham, o con los mercenarios nepalíes, los gurjas, que sirven como mercenarios a su graciosa majestad vistiendo su tradicional uniforme verde. ¡Quién no ha quedado admirado alguna vez por la marcialidad de un regimiento escocés desfilando al ritmo de sus gaitas y tambores!

Nuestra ministra de Defensa ha decidido, en lo que ella cree que es una prerrogativa de su cargo, eliminar el chapiri como antes hizo con las patillas y otra larga serie de ritos legionarios. El ser ministro de España supone una responsabilidad enorme. Es administrar, en su caso, las Fuerzas Armadas españolas para un mejor servicio de España y de todos los españoles. Pero esto no quiere decir que pueda hacer de mangas capirote con todo lo que a usted le venga en gana. En este caso con la historia, la tradición y el deseo de miles y miles de legionarios de ayer, de hoy y de mañana que desean que la Legión siga siendo como es. Y junto a ellos estamos miles españoles que admiramos las gestas de nuestra Legión.

Cuando las cosas están jodidas, señora ministra, usted no tiene el más mínimo rubor en gritar: «¡A mí la Legión!» Ustedes, los políticos, los pueden enviar a luchar en guerras donde no se nos ha perdido nada –Balcanes, Irak o Afganistán– pero sepa usted que ese grito que tan poco le gusta –¡Viva la muerte!–, sus cantos legionarios, su disciplina, sus códigos de honor, su entrenamiento y su uniformidad componen un todo que se llama estilo legionario y que son la base de su eficacia y de su disciplina. Esta conjunción de valores que usted quiere ahora una vez más socavar, consciente o inconscientemente, eliminando el chapiri, es importante. Quiero pensar que usted no lo entiende, pero esas pequeñas cosas contribuyen a que nuestros soldados vayan a morir con la alegría del verdadero soldado al otro lado del mundo. Su espíritu y disciplina es uno de los motivos de que obedezcan sin rechistar las órdenes de políticos que no saben nada de milicia y que, por lo general, dejan sus cargos cuando empiezan a enterarse un poco de lo que va la fiesta. Muchos ciudadanos echamos de menos aquellos gobiernos en que la cartera de Guerra era desempeñada por un soldado como el ministro Villalba.

Señora ministra, nuestros ejércitos son una de la instituciones más valoradas por los españoles, pero no se confunda, usted no forma parte de las Fuerzas Armadas. Es sólo una interina. Preocúpese más del armamento de nuestros soldados, de sus condiciones morales y de vida y deje de socavar la institución. Ya hubo alguien que quiso quitar el tricornio para al final descubrir las enormes virtudes de la Guardia Civil. ¿Quiere usted suprimir el chapiri para así proceder a la revitalización de la Legión?


Luis E. Togores.
Historiador. Autor de la biografía del fundador de la Legión «Millán Astray, legionario»

jueves, 26 de agosto de 2010

Adiós al chapiri legionario


El gobierno ha decidido suprimir el chapiri legionario, es decir, el famoso gorro con borla que veis sobre estas líneas y que es toda una seña de identidad de la Legión. No es la primera medida dirigida a eliminar los elementos distintivos de la que sin duda es la mejor unidad de combate de nuestro Ejército de Tierra. El año pasado, se ordenó eliminar de la indumentaria legionaria tanto las barbas y las patillas como la camisa abierta. Además, en 2007 el gobierno ya desmanteló la 5ª Bandera (como se denominan los batallones legionarios) del Tercio “Duque de Alba”, con base en Ceuta, y en 2009 hizo lo mismo con la 2ª Bandera del Tercio “Gran Capitán”, con base en Melilla. Unas medidas que dejan nuestras ciudades africanas más desprotegidas que nunca ante cualquier posible amenaza procedente de Marruecos.

Por lo visto, el chapiri legionario será sustituido por una boina granate, un color sin relación alguna con la indumentaria y distintivos de la Legión, aunque bien pueden agradecer los soldados de esa unidad que a la señora ministra, doña Carme Chacón, no le haya dado por imponerles una boina de color fuxia. Desde luego, la boina es una prenda militar cada vez más usada, muy práctica y barata y que se adapta mejor a las necesidades operativas en el campo de batalla que el tradicional chapiri. El caso es que los legionarios para el campo de batalla ya disponen de unos chambergos -en el caso de la Legión, adornados con el emblema de esta unidad- y de cascos Marte 04-ST-98, cuando se requiere ese tipo de protección. En lo que a necesidades operativas respecta, lo de la boina granate está de más.

¿Tenemos una Ministra de Defensa o una esteticién?

Así pues, la supresión del chapiri sólo puede explicarse por la obsesión de este gobierno con los símbolos. Para los progres de pacotilla que nos gobiernan, el chapiri legionario será algo así como una prenda reaccionaria que debe ser borrada del mapa y, si nos descuidamos, incluso de los libros de historia y los museos militares. El caso es que el chapiri también se usó en el bando rojo en la Guerra Civil, y su vigencia se ha mantenido en la Legión tanto en el régimen monárquico de Alfonso XIII, como en la Segunda República, en el franquismo y en las más de tres décadas que llevamos del actual reinado de Juan Carlos I.

Teniendo en cuenta esto, el gobierno haría bien en dejar en paz las tradiciones militares españolas y centrar su tiempo y sus esfuerzos en dotar a nuestras Fuerzas Armadas de los medios necesarios para desempeñar sus misiones. Lo que necesita España son soldados bien preparados y equipados para hacer su trabajo, lleven o no barba y patillas, lleven más o menos botones abiertos en su camisa o lleven un chapiri en la cabeza. Da la sensación de que al frente de Defensa no está una Ministra, sino una esteticién, cuya principal preocupación es maquillar, peinar y vestir a nuestra tropa como si en vez de Fuerzas Armadas tuviese bajo su responsabilidad una casa de muñecas. A este paso, ¿prohibirá cantar “El novio de la muerte” por considerarla una canción sexista? ¿O tal vez cambiará el famoso lema de la Legión -”legionarios a luchar, legionarios a morir”- por algo más progre como “legionarios a dialogar, legionarios a huir”?

La Legión pierde su gorra con borla. El Ministerio de Defensa va a sustituir el tradicional ‘chapiri’ de los Tercios por una boina granate

Primero fueron las patillas, las barbas y el pecho al descubierto. Lo siguiente será el ‘chapiri’, el tradicional gorro con borla que caracteriza la indumentaria de la Legión española. El Ministerio de Defensa tiene previsto sustituirlo por boinas de color granate y la orden comienza a llegar a los regimientos. Se va a empezar en las misiones internacionales.
Se trata de un nuevo capítulo de la política de “de adaptación y mejora” del Cuerpo de la Legión, tal y como lo definió el año pasado el Teniente general Virgilio Sañudo, jefe de la Fuerza Terrestre. El Ministerio de Defensa y el Estado Mayor del Ejército de Tierra van a sustituir el ‘chapiri’ legionario por boinas de color granate, “similares a las que llevan los cadetes de la Academia General Militar”.

Según confirman a El Confidencial Digital mandos de esta unidad militar, esta decisión se circunscribe en primera instancia a las misiones internacionales en las que participe la Legión, como Afganistán o Líbano. La nueva indumentaria entrará en vigor a partir de 2011, tal y como confirman estas fuentes.

La segunda parte del plan, que aún está en fase de debate, contempla la desaparición del ‘chapiri’ de toda la Legión. “Primero habrá que comprobar cómo reaccionan los legionarios, ya que el chapiri es una seña de identidad y tradición y puede causar mucho malestar”, concluyen fuentes militares conocedoras de este proyecto. Pero la intención del Ministerio de Defensa es ir adaptando la estética de este cuerpo a los nuevos tiempos.

Hace menos de un año, El Confidencial Digital publicaba en exclusiva la nueva ordenanza sobre aspecto físico impuesta a los legionarios, que ponía coto a las barbas frondosas, las patillas largas y las camisas abiertas dejando ver el pecho, características propias de estas unidades. La normativa levantó un gran revuelo, e incluso hubo quien se negó a acatarla y fue necesario aplicar herramientas informáticas para que se le permitiese renovar su carnet militar.

El chapiri, la prenda legionaria por excelencia, está inspirado en los antiguos gorros de cuartel usados por las tropas de Isabel II. Su implantación en la Legión hay que atribuirla a su fundador, Millans Astray, quien definió al chapiri como el gorro “clásico y castizo, que tiene un especial atractivo, es gracioso, airoso y muy marcial. Es, desde luego, infinitamente más estético que los botones circulares: Es el que caracteriza a los Legionarios”.

EL FESTIVAL AÉREO INTERNACIONAL “MÁLAGA 2016” CELEBRA SU SEGUNDA EDICIÓN

miércoles, 25 de agosto de 2010

martes, 24 de agosto de 2010